Un momento de silencio, apenas unos segundos que, a pesar de no decir nada, lo dijeron todo. Una mirada llegó a hablar mucho más de lo que nunca llegamos a hablar tú y yo. Y esa mirada me dijo que me fuera, que saliera corriendo de aquel lugar porque, a pesar de romperme en mil pedazos, todo había acabado.
¿Y ahora? Ahora ya ha pasado mucho tiempo desde todo aquello; demasiado diría yo. Aún así, yo todavía tengo miedo a que me olvides porque, aunque todos esos pedacitos en los que me rompí no han vuelto a su lugar todavía, estoy totalmente segura de que en todos ellos queda algo de ti.
Tus abrazos se esfumaron, pero yo no los olvido. Tampoco me arrepiento de ninguno de ellos, de hecho, creo que son de los mejores que recibí nunca.
Y, a pesar de todo esto, aunque no lo parezca ya no te quiero. No te olvido, es cierto, pero ya no te quiero. Los recuerdos no se destruyen, y tú formas parte de muchos de los míos.
19.3.11
27.6.10
...A veces siento que el mundo es tan grande,y me siento tan pequeña. A veces creo que estoy en una conversación conmigo (de esas tan conmunes en mi), donde yo misma me ignoro. Creo que me pregunto y no me respondo, supongo que en el fondo sé que soy demasiado sensible como para hacerme sufrir, porque la verdad nos hace sufrir. Veo cómo se me va el tiempo, que todo se me escapa de las manos, que lo que tanto busqué se está yendo, y no sé cómo retenerlo. Que todo lo que tengo de a poco lo pierdo. Que necesito unos brazos que me tengan fuerte durante horas...
1.6.10
aún no descifro qué es.. pero tienes algo que me atrae!
Lloré hasta sentir las lágrimas secarse en mis dedos. Lloré hasta respirar hondo y darme cuenta de que ya nadie me hacía bien. Lloré hasta entender que estaba sola y desprotegida en este lugar. Lloré hasta perder la conciencia y sentirme completamente inútil. Lloré, porque comprendí que nada era capaz de hacerme sentir viva y, hasta a veces, poder arrancarme una sonrisa; nada podía ser tan sorprendente y real al mismo tiempo. Lloré porque sentí TU ausencia, esa que hasta hoy nunca había sentido, y por fin logré darme cuenta de que en realidad, aunque me cueste aceptarlo, no es culpa de nadie ni de nada lo que me sucede. Lloré, porque por primera vez en mi vida me sentí realmente sin apoyo, sin amigos, ni nadie a quien recurrir cuando la soledad corta mis palabras y ahoga mi respiración, gozando una dulce venganza de mis errores y tropiezos. Y fue así como me ví de nuevo en esta habitación tratando de recordarte, recogiendo los pedazos de tu boca, armando de a poco tu risa y sepultando otras voces, para poder entre ellas distinguir tus susurros; y sin querer entenderlo, cuando ninguna de las fichas encajaba, entendí que te había perdido y que además, había olvidado tantos sueños y tantos recuerdos felices. Lloré, porque sólo tenía viejos recuerdos, algunas imágenes borrosas de las que casi no distinguía tu lejana y triste mirada. Lloré hasta creerme feliz por un instante, hasta que sin motivos empecé a reír sin parar, sin llegar a entender completamente que estaba haciendo. Lloré hasta verte al lado mío, secando con tanto amor mis lágrimas, tratando de aliviar mí llanto. Lloré, porque de alguna manera me estaba resignando a seguir cada minuto y cada segundo sin tu compañía. Lloré porque creía sentirme fuerte y comprendí que tú me dabas esa fuerza capaz de hacerme sentir el aire rozar con mis labios; lloré porque nunca te diste cuenta de que todo lo que hacía era solamente por tí, porque nunca sentí que mi esfuerzo era suficiente para que te sintieras orgulloso de mí. Lloré, porque vivía cada día sin vivirlo, creyéndome feliz, convenciéndome de que todo lo que hacía estaba bien. Vivía sólo para entregarte miradas, mis energías, mi vida en un segundo y poder sonreír al saber que te quedarías sólo por mí. Y después de eso, volví a entender que cada cosa que hacía era inútil, que a nadie le importaba verdaderamente lo que hacía o dejaba de hacer. Y lloré, para descargar de una vez por todas, todo el dolor que me ocasionaba sentirme tan poca cosa, de pronto me había olvidado de cómo era sentirse orgullosa de una misma, lloré porque te extrañaba y no podía hacer nada para recuperarte. A pesar de mis intentos siempre hay algo que supera mis fuerzas y me derriba haciendo caer una y otra vez de la misma forma, en el mismo lugar, lastimando mi dignidad. Fue así, que al saber que te habías ido perdí todas las ganas de seguir; tal vez me acostumbre demasiado a tenerte cerca y a que me transmitieras cada día un poquito de tu filosofía, porque de cada día hacías una historia diferente. Antes de que llegaras no confiaba en nadie, ni siquiera en mí, y la verdad es que siempre supe que algún día te iba a perder, porque lo bueno nunca dura mucho (al menos para mí) y lloré como tantas otras veces, a escondidas, para no defraudarte. Lloré, porque te necesitaba más que nunca, más que siempre y la noche apenas comenzaba..
16.5.10
Hablemos claro!
Cuando tenía once años me enteré de que Papa Noel, el señor de rojo que entraba todas las navidades por la terraza, no iba a volver, no existía. Me lo dijo una niña que apenas conocía. En misa nunca me explicaron a dónde iba el dinero que le dábamos a esos señores que pasaban la cesta y sonreían. Aún ahora, con dieciocho años, sigo sin noticias de su utilidad. He tenido que inventar un lugar secreto a donde van los muertos, unos dicen que están en el cielo con un tipo llamado Jesús que aún no he tenido el placer de conocer, y otros afirman que siguen entre nosotros, pero yo no puedo verles. ¿Y el ratoncito perez? ¿Por qué se lo inventaron todo? ¿Por qué cuando te detectan un cáncer no hay una moneda debajo de la almohada y el ratón se lleva la enfermedad a cuestas? ¿Por qué, en el siglo XXI, los hombres siguen pegando a las mujeres? Hablemos. Hablemos claro. Hablemos de todo lo que no sabemos, de todo lo que nunca nos contaron. Comenzamos
7.5.10

Gotas de agua saladas que fluyen de nuestros ojos, podría decirse técnicamente que son las lágrimas, pero más que eso son la expresión de lo que estamos sientiendo por dentro.
No es cierto que solo se dan cuando estamos pasando un dolor, aunque son el motivo más frecuente, también se puede llorar de alegría, de emoción, de rabia, incluso hasta de risa lo cierto es que siempre van a trasmitir un sentimiento.
Si tienes deseos de llorar, no te lo guardes dentro, porque si todo eso que sientes no lo dejás salir, tarde o temprano terminará por hacerte daño, más que liberar agua salada por nuestros ojos, estamos soltado todo aquello que nos está presionando el corazón, el alma y que finalmente nos dará equilibrio y sosiego..
No dejés de sentir, porque ese día habrás dejado gran parte de tu esencia como persona.
No es cierto que solo se dan cuando estamos pasando un dolor, aunque son el motivo más frecuente, también se puede llorar de alegría, de emoción, de rabia, incluso hasta de risa lo cierto es que siempre van a trasmitir un sentimiento.
Si tienes deseos de llorar, no te lo guardes dentro, porque si todo eso que sientes no lo dejás salir, tarde o temprano terminará por hacerte daño, más que liberar agua salada por nuestros ojos, estamos soltado todo aquello que nos está presionando el corazón, el alma y que finalmente nos dará equilibrio y sosiego..
No dejés de sentir, porque ese día habrás dejado gran parte de tu esencia como persona.
4.5.10
Hoy no me levanto!
Pasa. No quiere, no puede. Sabe lo que va a pasar, y eso... le aburre enormemente ¿alguna vez has deseado que pase algo aunque no sea del todo bueno por el único hecho de sentir un cambio? Nunca debió preguntarlo. Necesita verdaderamente echar a volar, huir, sentir…..ella hoy no quiere ponerse el pantalón, no quiere escuchar más conversaciones absurdas, y mucho menos participar en ellas, no quiere volver a comer lo mismo que la semana pasada, no quiere sentarse y ver como pasan 8 horas de su vida casi sin darse cuenta. Siente que le roban su vida, su tiempo, y eso le enfada. Hoy no, y quizá… quizá mañana tampoco.
3.5.10
portero de prostíbulo..
EL PORTERO DEL PROSTIBULO 26 de Ene, a las 13:39No había en aquel pueblo un oficio peor visto y peor pagado que el de portero del prostíbulo... Pero, ¿qué otra cosa podía hacer aquel hombre? De hecho, nunca había aprendido a leer ni a escribir, no tenía ninguna otra actividad ni oficio. En realidad, era su puesto porque su padre había sido el portero de ese prostíbulo antes que él, y antes que él, el padre de su padre. Durante décadas, el prostíbulo había pasado de padres a hijos y la portería también.
Un día, el viejo propietario murió y un joven con inquietudes, creativo y emprendedor, se hizo cargo del prostíbulo. El joven decidió modernizar el negocio. Modificó las habitaciones y después citó al personal para darles nuevas instrucciones. Al portero le dijo: -A partir de hoy, usted, además de estar en la puerta, me va a preparar un informe semanal. Allí anotará la cantidad de parejas que entran cada día. A una de cada cinco, les preguntará cómo fueron atendidas y qué corregirían del lugar. Y una vez por semana, me presentará ese informe con los comentarios que usted crea convenientes.
El hombre tembló. Nunca le había faltado predisposición para trabajar, pero...
-Me encantaría satisfacerle, señor -balbuceó-, pero yo... no sé leer ni escribir.
-¡Ah! ¡Cuánto lo siento! Como usted comprenderá, yo no puedo pagar a otra persona para que haga esto y tampoco puedo esperar a que usted aprenda a escribir, por lo tanto...
-Pero, señor, usted no me puede despedir. He trabajado en esto toda mi vida, al igual que mi padre y mi abuelo...
No lo dejó terminar. -Mire, yo lo comprendo, pero no puedo hacer nada por usted. Lógicamente le daremos una indemnización, es decir, una cantidad de dinero para que pueda subsistir hasta que encuentre otro trabajo. Así que lo siento. Que tenga suerte.
Y, sin más, dio media vuelta y se fue. El hombre sintió que el mundo se derrumbaba. Nunca había pensado que podría llegar a encontrarse en esa situación. Llegó a su casa, desocupado por primera vez en su vida. ¿Qué podía hacer? Entonces recordó que a veces, en el prostíbulo, cuando se rompía una cama o se estropeaba la pata de un armario, se las ingeniaba para hacer un arreglo sencillo y provisional con un martillo y unos clavos. Pensó que esta podía ser una ocupación transitoria hasta que alguien le ofreciera un empleo. Buscó por toda la casa las herramientas que necesitaba, y sólo encontró unos clavos oxidados y una tenaza mellada. Tenía que comprar una caja de herramientas completa y, para eso, usaría una parte del dinero que había recibido. En la esquina de su casa se enteró de que en su pueblo no había ninguna ferretería, y que tendría que viajar dos días en mula para ir al pueblo más cercano a realizar la compra. -¿Qué más da?, -pensó. Y emprendió la marcha.
A su regreso, llevaba una hermosa y completa caja de herramientas. No había terminado de quitarse las botas cuando llamaron a la puerta de su casa; era su vecino.
-Venía a preguntarle si no tendría un martillo que prestarme.
-Mire, sí, lo acabo de comprar pero lo necesito para trabajar. Como me he quedado sin empleo...
-Bueno, pero yo se lo devolvería mañana muy temprano.
-Está bien.
A la mañana siguiente, tal como había prometido, el vecino llamó a su puerta.
-Mire, todavía necesito el martillo. ¿Por qué no me lo vende?
-No, yo lo necesito para trabajar y, además, la ferretería está a dos días de mula.
-Hagamos un trato -dijo el vecino. -Yo le pagaré a usted los dos días de ida y los dos de vuelta, más el precio del martillo. Total, usted está sin trabajo. ¿Qué le parece?
Realmente, esto le daba trabajo durante cuatro días... Aceptó.
A su regreso, otro vecino lo esperaba a la puerta de su casa.
-Hola, vecino. ¿Usted le vendió un martillo a nuestro amigo?
-Sí...
-Yo necesito unas herramientas. Estoy dispuesto a pagarle sus cuatro días de viaje y una pequeña ganancia por cada una de ellas. Ya sabe: no todos disponemos de cuatro días para hacer nuestras compras.
El ex-portero abrió su caja de herramientas y su vecino eligió una pinza, un destornillador, un martillo y un cincel. Le pagó y se fue.
-No todos disponemos de cuatro días para hacer nuestras compras..., -recordaba.
Si esto era cierto, mucha gente podría necesitar que él viajara para traer herramientas. En el siguiente viaje decidió que arriesgaría algo del dinero de la indemnización trayendo más herramientas de las que había vendido. De paso, podría ahorrar tiempo en viajes.
Empezó a correrse la voz por el barrio y muchos vecinos decidieron dejar de viajar para hacer sus compras. Una vez por semana, el ahora vendedor de herramientas viajaba y compraba lo que necesitaban sus clientes. Pronto se dio cuenta de que si encontraba un lugar donde almacenar las herramientas, podía ahorrar más viajes y ganar más dinero. Así que alquiló un local. Después amplió la entrada del almacén y unas semanas más tarde añadió un escaparate, de manera que el local se transformó en la primera ferretería del pueblo. Todos estaban contentos y compraban en su tienda. Ya no tenía que viajar, porque la ferretería del pueblo vecino le enviaba sus pedidos: era un buen cliente. Con el tiempo, todos los compradores de pueblos pequeños más alejados prefirieron comprar en su ferretería y ahorrar dos días de viaje. Un día, se le ocurrió que su amigo, el tornero, podía fabricar para él las cabezas de los martillos. Y después... ¿Por qué no? También las tenazas, las pinzas y los cinceles. Después vinieron los clavos y los tornillos... Para no alargar demasiado el cuento, te diré que en diez años aquel hombre se convirtió en un millonario fabricante de herramientas, a base de honestidad y trabajo. Y acabó siendo el empresario más poderoso de la región. Tan poderoso era que, un día, con motivo del inicio del año escolar, decidió donar a su pueblo una escuela. -Además de leer y escribir, allí se enseñarían las artes y los oficios más prácticos de la época, -pensó.
El alcalde organizó una gran fiesta de inauguración de la escuela y una importante cena de homenaje para su fundador. A los postres, el alcalde le entregó las llaves de la ciudad y abrazándole le dijo:
-Es con gran orgullo y gratitud que le pedimos que nos conceda el honor de poner su firma en la primera página del libro de honor de la escuela.
-El honor sería para mí, -dijo el hombre, -pero no se leer ni escribir. Soy analfabeto.
-¿Usted? –dijo el alcalde, que no acababa de creerlo- ¿Usted no sabe leer ni escribir? ¿Usted construyó un imperio industrial sin saber leer ni escribir? Estoy asombrado. Me pregunto qué hubiera hecho si hubiera sabido leer y escribir.
-Yo se lo puedo decir, -respondió el hombre con calma. –Si yo hubiera sabido leer y escribir... ¡sería el portero del prostíbulo!
Un día, el viejo propietario murió y un joven con inquietudes, creativo y emprendedor, se hizo cargo del prostíbulo. El joven decidió modernizar el negocio. Modificó las habitaciones y después citó al personal para darles nuevas instrucciones. Al portero le dijo: -A partir de hoy, usted, además de estar en la puerta, me va a preparar un informe semanal. Allí anotará la cantidad de parejas que entran cada día. A una de cada cinco, les preguntará cómo fueron atendidas y qué corregirían del lugar. Y una vez por semana, me presentará ese informe con los comentarios que usted crea convenientes.
El hombre tembló. Nunca le había faltado predisposición para trabajar, pero...
-Me encantaría satisfacerle, señor -balbuceó-, pero yo... no sé leer ni escribir.
-¡Ah! ¡Cuánto lo siento! Como usted comprenderá, yo no puedo pagar a otra persona para que haga esto y tampoco puedo esperar a que usted aprenda a escribir, por lo tanto...
-Pero, señor, usted no me puede despedir. He trabajado en esto toda mi vida, al igual que mi padre y mi abuelo...
No lo dejó terminar. -Mire, yo lo comprendo, pero no puedo hacer nada por usted. Lógicamente le daremos una indemnización, es decir, una cantidad de dinero para que pueda subsistir hasta que encuentre otro trabajo. Así que lo siento. Que tenga suerte.
Y, sin más, dio media vuelta y se fue. El hombre sintió que el mundo se derrumbaba. Nunca había pensado que podría llegar a encontrarse en esa situación. Llegó a su casa, desocupado por primera vez en su vida. ¿Qué podía hacer? Entonces recordó que a veces, en el prostíbulo, cuando se rompía una cama o se estropeaba la pata de un armario, se las ingeniaba para hacer un arreglo sencillo y provisional con un martillo y unos clavos. Pensó que esta podía ser una ocupación transitoria hasta que alguien le ofreciera un empleo. Buscó por toda la casa las herramientas que necesitaba, y sólo encontró unos clavos oxidados y una tenaza mellada. Tenía que comprar una caja de herramientas completa y, para eso, usaría una parte del dinero que había recibido. En la esquina de su casa se enteró de que en su pueblo no había ninguna ferretería, y que tendría que viajar dos días en mula para ir al pueblo más cercano a realizar la compra. -¿Qué más da?, -pensó. Y emprendió la marcha.
A su regreso, llevaba una hermosa y completa caja de herramientas. No había terminado de quitarse las botas cuando llamaron a la puerta de su casa; era su vecino.
-Venía a preguntarle si no tendría un martillo que prestarme.
-Mire, sí, lo acabo de comprar pero lo necesito para trabajar. Como me he quedado sin empleo...
-Bueno, pero yo se lo devolvería mañana muy temprano.
-Está bien.
A la mañana siguiente, tal como había prometido, el vecino llamó a su puerta.
-Mire, todavía necesito el martillo. ¿Por qué no me lo vende?
-No, yo lo necesito para trabajar y, además, la ferretería está a dos días de mula.
-Hagamos un trato -dijo el vecino. -Yo le pagaré a usted los dos días de ida y los dos de vuelta, más el precio del martillo. Total, usted está sin trabajo. ¿Qué le parece?
Realmente, esto le daba trabajo durante cuatro días... Aceptó.
A su regreso, otro vecino lo esperaba a la puerta de su casa.
-Hola, vecino. ¿Usted le vendió un martillo a nuestro amigo?
-Sí...
-Yo necesito unas herramientas. Estoy dispuesto a pagarle sus cuatro días de viaje y una pequeña ganancia por cada una de ellas. Ya sabe: no todos disponemos de cuatro días para hacer nuestras compras.
El ex-portero abrió su caja de herramientas y su vecino eligió una pinza, un destornillador, un martillo y un cincel. Le pagó y se fue.
-No todos disponemos de cuatro días para hacer nuestras compras..., -recordaba.
Si esto era cierto, mucha gente podría necesitar que él viajara para traer herramientas. En el siguiente viaje decidió que arriesgaría algo del dinero de la indemnización trayendo más herramientas de las que había vendido. De paso, podría ahorrar tiempo en viajes.
Empezó a correrse la voz por el barrio y muchos vecinos decidieron dejar de viajar para hacer sus compras. Una vez por semana, el ahora vendedor de herramientas viajaba y compraba lo que necesitaban sus clientes. Pronto se dio cuenta de que si encontraba un lugar donde almacenar las herramientas, podía ahorrar más viajes y ganar más dinero. Así que alquiló un local. Después amplió la entrada del almacén y unas semanas más tarde añadió un escaparate, de manera que el local se transformó en la primera ferretería del pueblo. Todos estaban contentos y compraban en su tienda. Ya no tenía que viajar, porque la ferretería del pueblo vecino le enviaba sus pedidos: era un buen cliente. Con el tiempo, todos los compradores de pueblos pequeños más alejados prefirieron comprar en su ferretería y ahorrar dos días de viaje. Un día, se le ocurrió que su amigo, el tornero, podía fabricar para él las cabezas de los martillos. Y después... ¿Por qué no? También las tenazas, las pinzas y los cinceles. Después vinieron los clavos y los tornillos... Para no alargar demasiado el cuento, te diré que en diez años aquel hombre se convirtió en un millonario fabricante de herramientas, a base de honestidad y trabajo. Y acabó siendo el empresario más poderoso de la región. Tan poderoso era que, un día, con motivo del inicio del año escolar, decidió donar a su pueblo una escuela. -Además de leer y escribir, allí se enseñarían las artes y los oficios más prácticos de la época, -pensó.
El alcalde organizó una gran fiesta de inauguración de la escuela y una importante cena de homenaje para su fundador. A los postres, el alcalde le entregó las llaves de la ciudad y abrazándole le dijo:
-Es con gran orgullo y gratitud que le pedimos que nos conceda el honor de poner su firma en la primera página del libro de honor de la escuela.
-El honor sería para mí, -dijo el hombre, -pero no se leer ni escribir. Soy analfabeto.
-¿Usted? –dijo el alcalde, que no acababa de creerlo- ¿Usted no sabe leer ni escribir? ¿Usted construyó un imperio industrial sin saber leer ni escribir? Estoy asombrado. Me pregunto qué hubiera hecho si hubiera sabido leer y escribir.
-Yo se lo puedo decir, -respondió el hombre con calma. –Si yo hubiera sabido leer y escribir... ¡sería el portero del prostíbulo!
29.4.10
Nunca te hablé de mis astrolabios,ni de mi brújula de corazón precisa,exacta en algo que nunca se pudo calcular antes...
Ni de mis cálculos numéricos,objetivos e impulsados por mi corriente sanguínea... Nunca te hablé de besarse una misma el labio posterior y enviarlo entre constelaciones repitiendo 7 veces un nombre...
Nunca te hablé de la vía láctea,de que mi organismo emocional eran las estrellas que mirabas desde la ventanilla del coche,quietas,mientras el paisaje,los kilómetros,tus días...pasaban a toda velocidad...
...Y quizá,lo mejor sea...que siga sin hablarte de todo eso...
Ni de mis cálculos numéricos,objetivos e impulsados por mi corriente sanguínea... Nunca te hablé de besarse una misma el labio posterior y enviarlo entre constelaciones repitiendo 7 veces un nombre...
Nunca te hablé de la vía láctea,de que mi organismo emocional eran las estrellas que mirabas desde la ventanilla del coche,quietas,mientras el paisaje,los kilómetros,tus días...pasaban a toda velocidad...
...Y quizá,lo mejor sea...que siga sin hablarte de todo eso...
27.4.10
19
Con tu permiso...
Perdóname...
A ver...lo siento si lleg,o de nuevo, con retraso ¿eh?
Una es impaciente pero a la vez impuntual...por eso es dificil cazarnos,porque nunca sabes cuando vamos a llegar,ni desde que hora te llevamos esperando.
Suelo sentarme en el suelo y esperar a que acabe el día...
Sale el día,lo arrugo y lo tiro a la papelera...
Me olvido para siempre de el, pero mi consuelo es que el siguiente está mas cerca y lo tiraré de nuevo...es absurdo lanzarlos de esta manera,pero así,se acercará antes el día que,en cuanto lo vea,no lo arrugue, sino que haré un avión de papel y me lanzaré encima de él por la ventana...
Perdóname...
A ver...lo siento si lleg,o de nuevo, con retraso ¿eh?
Una es impaciente pero a la vez impuntual...por eso es dificil cazarnos,porque nunca sabes cuando vamos a llegar,ni desde que hora te llevamos esperando.
Suelo sentarme en el suelo y esperar a que acabe el día...
Sale el día,lo arrugo y lo tiro a la papelera...
Me olvido para siempre de el, pero mi consuelo es que el siguiente está mas cerca y lo tiraré de nuevo...es absurdo lanzarlos de esta manera,pero así,se acercará antes el día que,en cuanto lo vea,no lo arrugue, sino que haré un avión de papel y me lanzaré encima de él por la ventana...
25.4.10
Somos arena...

Un niño está sentado en un cajón de arena haciendo un castillo. El niño construye continuamente algo nuevo, lo mira con gran entusiasmo, y lo vuelve a aplastar.
De la misma forma actúa el tiempo con el planeta. Aquí está escrita la historia del mundo, aquí están grabados, y luego borrados de nuevo, todos los acontecimientos. Aquí bulle la vida como en un hervidero. y aquí también nos modelarán a nosotros un buen día, con el mismo material frágil que a nuestros antepasados. Aquí el viento del tiempo nos mece, aquí nos lleva puestos, aquí es nosotros, pero nos vuelve a soltar para que nos caigamos de bruces. Se nos hace parecer y desaparecer por arte de magia.
Siempre hay algo fermentando, algo esperando ocupar nuestro puesto. Porque carecemos de tierra firma bao los pies. Ni siquiera tenemos arena. Somos arena.
No existe ningún escondite para el tiempo. Podemos escondernos de reyes y emperadores, quizá también de Dios. Peor no podemos escondernos del tiempo. El tiempo nos ve en todas partes, porque todo lo que nos rodea está impregnado de ese inquieto elemento.
El tiempo no pasa. El tiempo no hace "tictac". Nosotros somos los que nos movemos, nuestros relojes son los que hacen "tictac". Tan silenciosamente como el sol sale por el este, y se pone por el oeste, el tiempo devora generación tras generación de seres humanos. Por eso se dice eso de "diente del tiempo". Pues el tiempo mastica y mastica, y es a nosotros a quienes tiene atrapados entre sus fauces.
Durante un breve instante formamos parte de vertiginosas actividades. Corremos de un lado a otro como si eso fuera lo más natural del mundo. Ya has visto a las hormigas allá arriba, en la Acrópolis. Peor todo esto va a desaparecer. Desaparecerá y será sustituido por un nuevo hormiguero. Porque hay gente aguardando cola. Las formas vienen y van. Las máscaras vienen y van. Siempre surge algún nuevo invento. Ningún tema se repite, ninguna composición aparece dos veces... No hay nada tan complicado ni tan costoso como un ser humano, hijo mío. ¡Pero somos tratados como baratijas!
Andamos sobre la tierra como figuras en un gran cuento. Nos saludamos y nos sonreímos. Es como si dijéramos: Hola, ¡vivimos juntos y en el mismo momento! Estamos dentro de la misma realidad, o del mismo cuento..¿No te parece increíble? Vivimos juntos en un planeta del universo, pero pronto nos sacarán de la pista. Por arte del birlibirloque, habremos desaparecido.
Si hubiéramos vivido en otro siglo habríamos compartido la vida con otras personas. Ahora nos limitamos a sonreís y saludar a miles de contemporáneos: ¡Hola! ¡Qué extraño que nos haya tocado vivir en la misma época! Quizá tropiece con una persona, abra una puerta y grite hace dentro: ¡Hola alma!
Vivimos, ¿oyes? Pero sólo vivimos exactamente ahora. Abrimos los brazos y decimos que existimos. Pero se nos aparta y se nos mete dentro del oscuro saco de la historia. Porque somos de una vez: de usar y tirar. Participamos en un eterno baile de disfraces, en el que las máscaras van y vienen, hoy por mí, mañana por ti, el viejo desaparece de la fila.... Nos habríamos merecido algo mejor. Tú y yo habríamos merecido que nuestros nombres se grabaran en algo eterno, en algo que no se borra en el gran cajón de arena.
El pensamiento no fluye. Sólo he recitado el primer verso, ¿sabes? Los filósofos de Atenas opinaron también que hay algo que no se borra. Platón lo llamó "el mundo de las ideas". Por que lo más importante no es ese castillo de arena, lo más importante es la imagen de un castillo de arena que el niño tenía en su mente antes de empezar a construirlo. ¿Por qué crees, si no, que el niño lo aplasta en cuanto acaba de hacerlo?
¿Nunca has querido dibujas o hacer algo que no has conseguido del todo? Lo intentas una y otra vez, pero no te resignas nunca. Es porque la imagen que tienes en tu interior, es siempre más perfecta que las copias que intentas hacer con tus manos. Así ocurre con todo lo que nos rodea. Llevamos dentro la idea de que todo lo que vemos a nuestro alrededor podría ser mejor. ¿Y sabes por qué? Porque todas las imágenes que llevamos dentro son algo que traemos del mundo de las ideas. Allí es donde realmente pertenecemos, ¿sabes?, y no aquí, a ese cajón de arena donde el tiempo intenta acabar con todo lo que amamos y apreciamos.
-¿entonces, existe otro mundo, quieres decir?
- Allí estuvo nuestra alma antes de entrar en nuestro cuerpo. Y allí regresará cuando el cuerpo se rinda ante los efectos devastadores del tiempo. Eso pensaba Platón. A nuestros cuerpos les pasará lo mismo que a los castillos de arena, eso no tiene remedio. Pero tenemos algo dentro que el tiempo no logra corroes, porque, en realidad, no pertenece a este mundo. Hay que levantar la vista por encima de todo lo que flota a nuestro alrededor. Hay que ver aquello de lo que todo lo que nos rodea es una simple imitación.
De la misma forma actúa el tiempo con el planeta. Aquí está escrita la historia del mundo, aquí están grabados, y luego borrados de nuevo, todos los acontecimientos. Aquí bulle la vida como en un hervidero. y aquí también nos modelarán a nosotros un buen día, con el mismo material frágil que a nuestros antepasados. Aquí el viento del tiempo nos mece, aquí nos lleva puestos, aquí es nosotros, pero nos vuelve a soltar para que nos caigamos de bruces. Se nos hace parecer y desaparecer por arte de magia.
Siempre hay algo fermentando, algo esperando ocupar nuestro puesto. Porque carecemos de tierra firma bao los pies. Ni siquiera tenemos arena. Somos arena.
No existe ningún escondite para el tiempo. Podemos escondernos de reyes y emperadores, quizá también de Dios. Peor no podemos escondernos del tiempo. El tiempo nos ve en todas partes, porque todo lo que nos rodea está impregnado de ese inquieto elemento.
El tiempo no pasa. El tiempo no hace "tictac". Nosotros somos los que nos movemos, nuestros relojes son los que hacen "tictac". Tan silenciosamente como el sol sale por el este, y se pone por el oeste, el tiempo devora generación tras generación de seres humanos. Por eso se dice eso de "diente del tiempo". Pues el tiempo mastica y mastica, y es a nosotros a quienes tiene atrapados entre sus fauces.
Durante un breve instante formamos parte de vertiginosas actividades. Corremos de un lado a otro como si eso fuera lo más natural del mundo. Ya has visto a las hormigas allá arriba, en la Acrópolis. Peor todo esto va a desaparecer. Desaparecerá y será sustituido por un nuevo hormiguero. Porque hay gente aguardando cola. Las formas vienen y van. Las máscaras vienen y van. Siempre surge algún nuevo invento. Ningún tema se repite, ninguna composición aparece dos veces... No hay nada tan complicado ni tan costoso como un ser humano, hijo mío. ¡Pero somos tratados como baratijas!
Andamos sobre la tierra como figuras en un gran cuento. Nos saludamos y nos sonreímos. Es como si dijéramos: Hola, ¡vivimos juntos y en el mismo momento! Estamos dentro de la misma realidad, o del mismo cuento..¿No te parece increíble? Vivimos juntos en un planeta del universo, pero pronto nos sacarán de la pista. Por arte del birlibirloque, habremos desaparecido.
Si hubiéramos vivido en otro siglo habríamos compartido la vida con otras personas. Ahora nos limitamos a sonreís y saludar a miles de contemporáneos: ¡Hola! ¡Qué extraño que nos haya tocado vivir en la misma época! Quizá tropiece con una persona, abra una puerta y grite hace dentro: ¡Hola alma!
Vivimos, ¿oyes? Pero sólo vivimos exactamente ahora. Abrimos los brazos y decimos que existimos. Pero se nos aparta y se nos mete dentro del oscuro saco de la historia. Porque somos de una vez: de usar y tirar. Participamos en un eterno baile de disfraces, en el que las máscaras van y vienen, hoy por mí, mañana por ti, el viejo desaparece de la fila.... Nos habríamos merecido algo mejor. Tú y yo habríamos merecido que nuestros nombres se grabaran en algo eterno, en algo que no se borra en el gran cajón de arena.
El pensamiento no fluye. Sólo he recitado el primer verso, ¿sabes? Los filósofos de Atenas opinaron también que hay algo que no se borra. Platón lo llamó "el mundo de las ideas". Por que lo más importante no es ese castillo de arena, lo más importante es la imagen de un castillo de arena que el niño tenía en su mente antes de empezar a construirlo. ¿Por qué crees, si no, que el niño lo aplasta en cuanto acaba de hacerlo?
¿Nunca has querido dibujas o hacer algo que no has conseguido del todo? Lo intentas una y otra vez, pero no te resignas nunca. Es porque la imagen que tienes en tu interior, es siempre más perfecta que las copias que intentas hacer con tus manos. Así ocurre con todo lo que nos rodea. Llevamos dentro la idea de que todo lo que vemos a nuestro alrededor podría ser mejor. ¿Y sabes por qué? Porque todas las imágenes que llevamos dentro son algo que traemos del mundo de las ideas. Allí es donde realmente pertenecemos, ¿sabes?, y no aquí, a ese cajón de arena donde el tiempo intenta acabar con todo lo que amamos y apreciamos.
-¿entonces, existe otro mundo, quieres decir?
- Allí estuvo nuestra alma antes de entrar en nuestro cuerpo. Y allí regresará cuando el cuerpo se rinda ante los efectos devastadores del tiempo. Eso pensaba Platón. A nuestros cuerpos les pasará lo mismo que a los castillos de arena, eso no tiene remedio. Pero tenemos algo dentro que el tiempo no logra corroes, porque, en realidad, no pertenece a este mundo. Hay que levantar la vista por encima de todo lo que flota a nuestro alrededor. Hay que ver aquello de lo que todo lo que nos rodea es una simple imitación.
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