9.3.09

....

-¿Qué haces?
-Pensaba en ti.
-¿No me habrás llamado para decirme esa estupidez?, no pierdas el tiempo.
-¿Por qué eres tan dura conmigo?
-Porque no quiero que hagas esto.
-¿El qué?
-Preguntarme, ni que me llames, ni pensar en mí.
-¿Por qué no?
-Ya sabes por qué
-No, ¿por qué?

Me aprisionó un silencio desconcertado, deseando por primera vez que la llamada se cortara o que estallara el teléfono de repente.


-Lo que quiero es una respuesta. -Dijo insistiendo.
-¿Sabes? tengo ganas de ver esa sonrisa, es el único lugar donde me dejas entrar.


Cabizbaja, recordé cuando me dijo que las verdades son medias sin carreras a lo largo de unas piernas bonitas.


-De una sonrisa no se puede querer. ¿Sabes por qué? -Espeté convencida de mi pregunta.
-Porque tus labios no están hechos para morir en el intento. Porque no necesito depender de ti para sentirme querida, no tengo que regalarte lo que me falta, siquiera la falda, ni la lencería doblada todavía en el segundo cajón. Si así fuera te debería mucho más que tú a mí pero tú no te das cuenta. Seguramente me dirás que me quieres todos los días hasta que te convenzas de que es una palabra que pierde significado y te irás, haciendo hoyos bajo tierra.
Te llevarás la suma de mis maneras aún sabiendo que no puedo darlo todo, habrá despedidas en una puerta muda aunque se caiga el cuadro que está junto a la puerta y siquiera nos reconocerán nuestros ojos donde tantas noches me hablaban a oscuras. Entonces, ya no habrá escapatoria. Serás esa canción que no podré volver a sentir, escuchando una voz que dice “Let there be love” , serás ése otro al que le escriba más muertes, desórdenes y un fracaso más entre la tinta de unas hojas que probablemente acaben en el mismo lugar donde empezaron, en la basura.

-El único problema que tienes es… que eres una cobarde.
-¿A qué viene eso? Si pretendes cabrearme…
-Déjame hablar a mí, creo que tengo el mismo derecho a sublevarme. ¿No?


Me quitó la palabra con un talante que no había visto antes en él, se entre oía una sonrisa inhumana en donde el después se convertiría en un lobo a punto de lanzarse contra mí para quitarme la razón a toda costa y el hecho de cortarme con firmeza hizo menguar mi seguridad.


-Tienes miedo a que se te erice la piel con un beso, a darlo todo sin darte apenas cuenta y sentir que no puedes estar mejor, el problema es que crees que las ilusiones son sacos rotos que se desmoronan con sólo una palmada en la espalda al minuto siguiente, crees que todo va a salir mal y tienes pánico al fracaso cuando estás metida de lleno. Vas con pies de plomo observando lo que ocurre a tu alrededor, sin actuar. Siempre sales corriendo cuando estoy cerca. Siempre huyes de ti misma, cuando sabes de lo que eres capaz. ¿Me equivoco? Dime la verdad.


Me sentí por momentos como profanada por aquel tipo, pero para mi desgracia, tenía toda la razón.


-¿Piensas que porque te crees que me conoces, voy a darte una oportunidad? Las oportunidades cazan mariposas en una red de alambre y yo no voy a ser quién caiga en ésas redes, al menos, en las tuyas.
-Tal vez no te has dado cuenta, pero ya has caído. -Respondió con la misma seguridad de antes, como si la vida le fuera en ello.-
¿Tú crees que es tan fácil? -Pregunté con la única voz que me permitían mis ojos, ensimismada, estaba a punto de romper a llorar.-
Sólo creo lo que te niegas a admitir.-Entonces seguirás dando vueltas en balde.
-¿Pero… me escribirás? -Me preguntó como si mencionarlo en mis letras significara una esperanza.


Pensé con la certeza de que si le dedicaba una sola letra del abecedario, tal vez se olvidaría en el cajón de la lencería, en el cenicero de los cigarros apagados o en algún libro con una flor seca en una página de esas que prefiero guardar para el recuerdo.


-Nunca lo sabrás.

Colgué el teléfono en acto seguido y lo que no le dije es que siempre lo haría a escondidas.









http://andadasdescalza.blogspot.com/2008/12/game-is-over_05.html

4.3.09

fragmento de mi libro...

[..]Alicia no recordaba lo que era ser feliz. Sabía que en algún momento de su vida llegó a serlo, cuando era pequeña e inocente, carecía de problemas y todo era sencillo y sin grandes complicaciones, quizás, pero ya no, no desde que alcanzaba su memoria, no sabía lo que era eso que llaman felicidad.


Sonreía, si, de vez en cuando reía y bromeaba, pero nunca llegó a notar sonrisa, risa o alegría real alguna en su corazón.
La gente la veía sonreír y “contenta” y no paraban a fijarse en esa sonrisa dibujada alrededor de sus labios, cerrados, a modo de mascara. No, la gente se conformaba y punto, quizás no querían saberlo, no querían ir más allá de la apariencia, o peor, -y esta idea aterraba realmente a Alicia- a esas personas a las que ella quería y consideraba amigos no les importaba ni lo más mínimo su verdadero estado anímico.


Cada vez que pensaba en esa idea, y daba vueltas en su cabeza una y otra vez al mismo tema, notaba como la duda se apoderaba de ella, sentía como cada pelo de su cuerpo se erizaba y cómo los escalofríos exploraban hasta el último rincón de su ser. Entonces se daba cuenta que realmente estaba sola, rodeada de gente por todas partes, pero sola.


Comenzó a pensar y pensar, y a desarrollar la idea de que verdaderamente todos estamos solos en los momentos críticos y en los grandes pasos de nuestras vidas; tengamos amigos o no, o personas que nos quieran o nos desprecien, en esos momentos trascendentales e importantes, en los grandes conflictos o lecciones por aprender de la vida, sólo tú puedes solventarlos, sólo lograrás avanzar por ti mismo, nadie puede ayudarte, sólo tú… y tu soledad. […]