
Un niño está sentado en un cajón de arena haciendo un castillo. El niño construye continuamente algo nuevo, lo mira con gran entusiasmo, y lo vuelve a aplastar.
De la misma forma actúa el tiempo con el planeta. Aquí está escrita la historia del mundo, aquí están grabados, y luego borrados de nuevo, todos los acontecimientos. Aquí bulle la vida como en un hervidero. y aquí también nos modelarán a nosotros un buen día, con el mismo material frágil que a nuestros antepasados. Aquí el viento del tiempo nos mece, aquí nos lleva puestos, aquí es nosotros, pero nos vuelve a soltar para que nos caigamos de bruces. Se nos hace parecer y desaparecer por arte de magia.
Siempre hay algo fermentando, algo esperando ocupar nuestro puesto. Porque carecemos de tierra firma bao los pies. Ni siquiera tenemos arena. Somos arena.
No existe ningún escondite para el tiempo. Podemos escondernos de reyes y emperadores, quizá también de Dios. Peor no podemos escondernos del tiempo. El tiempo nos ve en todas partes, porque todo lo que nos rodea está impregnado de ese inquieto elemento.
El tiempo no pasa. El tiempo no hace "tictac". Nosotros somos los que nos movemos, nuestros relojes son los que hacen "tictac". Tan silenciosamente como el sol sale por el este, y se pone por el oeste, el tiempo devora generación tras generación de seres humanos. Por eso se dice eso de "diente del tiempo". Pues el tiempo mastica y mastica, y es a nosotros a quienes tiene atrapados entre sus fauces.
Durante un breve instante formamos parte de vertiginosas actividades. Corremos de un lado a otro como si eso fuera lo más natural del mundo. Ya has visto a las hormigas allá arriba, en la Acrópolis. Peor todo esto va a desaparecer. Desaparecerá y será sustituido por un nuevo hormiguero. Porque hay gente aguardando cola. Las formas vienen y van. Las máscaras vienen y van. Siempre surge algún nuevo invento. Ningún tema se repite, ninguna composición aparece dos veces... No hay nada tan complicado ni tan costoso como un ser humano, hijo mío. ¡Pero somos tratados como baratijas!
Andamos sobre la tierra como figuras en un gran cuento. Nos saludamos y nos sonreímos. Es como si dijéramos: Hola, ¡vivimos juntos y en el mismo momento! Estamos dentro de la misma realidad, o del mismo cuento..¿No te parece increíble? Vivimos juntos en un planeta del universo, pero pronto nos sacarán de la pista. Por arte del birlibirloque, habremos desaparecido.
Si hubiéramos vivido en otro siglo habríamos compartido la vida con otras personas. Ahora nos limitamos a sonreís y saludar a miles de contemporáneos: ¡Hola! ¡Qué extraño que nos haya tocado vivir en la misma época! Quizá tropiece con una persona, abra una puerta y grite hace dentro: ¡Hola alma!
Vivimos, ¿oyes? Pero sólo vivimos exactamente ahora. Abrimos los brazos y decimos que existimos. Pero se nos aparta y se nos mete dentro del oscuro saco de la historia. Porque somos de una vez: de usar y tirar. Participamos en un eterno baile de disfraces, en el que las máscaras van y vienen, hoy por mí, mañana por ti, el viejo desaparece de la fila.... Nos habríamos merecido algo mejor. Tú y yo habríamos merecido que nuestros nombres se grabaran en algo eterno, en algo que no se borra en el gran cajón de arena.
El pensamiento no fluye. Sólo he recitado el primer verso, ¿sabes? Los filósofos de Atenas opinaron también que hay algo que no se borra. Platón lo llamó "el mundo de las ideas". Por que lo más importante no es ese castillo de arena, lo más importante es la imagen de un castillo de arena que el niño tenía en su mente antes de empezar a construirlo. ¿Por qué crees, si no, que el niño lo aplasta en cuanto acaba de hacerlo?
¿Nunca has querido dibujas o hacer algo que no has conseguido del todo? Lo intentas una y otra vez, pero no te resignas nunca. Es porque la imagen que tienes en tu interior, es siempre más perfecta que las copias que intentas hacer con tus manos. Así ocurre con todo lo que nos rodea. Llevamos dentro la idea de que todo lo que vemos a nuestro alrededor podría ser mejor. ¿Y sabes por qué? Porque todas las imágenes que llevamos dentro son algo que traemos del mundo de las ideas. Allí es donde realmente pertenecemos, ¿sabes?, y no aquí, a ese cajón de arena donde el tiempo intenta acabar con todo lo que amamos y apreciamos.
-¿entonces, existe otro mundo, quieres decir?
- Allí estuvo nuestra alma antes de entrar en nuestro cuerpo. Y allí regresará cuando el cuerpo se rinda ante los efectos devastadores del tiempo. Eso pensaba Platón. A nuestros cuerpos les pasará lo mismo que a los castillos de arena, eso no tiene remedio. Pero tenemos algo dentro que el tiempo no logra corroes, porque, en realidad, no pertenece a este mundo. Hay que levantar la vista por encima de todo lo que flota a nuestro alrededor. Hay que ver aquello de lo que todo lo que nos rodea es una simple imitación.
De la misma forma actúa el tiempo con el planeta. Aquí está escrita la historia del mundo, aquí están grabados, y luego borrados de nuevo, todos los acontecimientos. Aquí bulle la vida como en un hervidero. y aquí también nos modelarán a nosotros un buen día, con el mismo material frágil que a nuestros antepasados. Aquí el viento del tiempo nos mece, aquí nos lleva puestos, aquí es nosotros, pero nos vuelve a soltar para que nos caigamos de bruces. Se nos hace parecer y desaparecer por arte de magia.
Siempre hay algo fermentando, algo esperando ocupar nuestro puesto. Porque carecemos de tierra firma bao los pies. Ni siquiera tenemos arena. Somos arena.
No existe ningún escondite para el tiempo. Podemos escondernos de reyes y emperadores, quizá también de Dios. Peor no podemos escondernos del tiempo. El tiempo nos ve en todas partes, porque todo lo que nos rodea está impregnado de ese inquieto elemento.
El tiempo no pasa. El tiempo no hace "tictac". Nosotros somos los que nos movemos, nuestros relojes son los que hacen "tictac". Tan silenciosamente como el sol sale por el este, y se pone por el oeste, el tiempo devora generación tras generación de seres humanos. Por eso se dice eso de "diente del tiempo". Pues el tiempo mastica y mastica, y es a nosotros a quienes tiene atrapados entre sus fauces.
Durante un breve instante formamos parte de vertiginosas actividades. Corremos de un lado a otro como si eso fuera lo más natural del mundo. Ya has visto a las hormigas allá arriba, en la Acrópolis. Peor todo esto va a desaparecer. Desaparecerá y será sustituido por un nuevo hormiguero. Porque hay gente aguardando cola. Las formas vienen y van. Las máscaras vienen y van. Siempre surge algún nuevo invento. Ningún tema se repite, ninguna composición aparece dos veces... No hay nada tan complicado ni tan costoso como un ser humano, hijo mío. ¡Pero somos tratados como baratijas!
Andamos sobre la tierra como figuras en un gran cuento. Nos saludamos y nos sonreímos. Es como si dijéramos: Hola, ¡vivimos juntos y en el mismo momento! Estamos dentro de la misma realidad, o del mismo cuento..¿No te parece increíble? Vivimos juntos en un planeta del universo, pero pronto nos sacarán de la pista. Por arte del birlibirloque, habremos desaparecido.
Si hubiéramos vivido en otro siglo habríamos compartido la vida con otras personas. Ahora nos limitamos a sonreís y saludar a miles de contemporáneos: ¡Hola! ¡Qué extraño que nos haya tocado vivir en la misma época! Quizá tropiece con una persona, abra una puerta y grite hace dentro: ¡Hola alma!
Vivimos, ¿oyes? Pero sólo vivimos exactamente ahora. Abrimos los brazos y decimos que existimos. Pero se nos aparta y se nos mete dentro del oscuro saco de la historia. Porque somos de una vez: de usar y tirar. Participamos en un eterno baile de disfraces, en el que las máscaras van y vienen, hoy por mí, mañana por ti, el viejo desaparece de la fila.... Nos habríamos merecido algo mejor. Tú y yo habríamos merecido que nuestros nombres se grabaran en algo eterno, en algo que no se borra en el gran cajón de arena.
El pensamiento no fluye. Sólo he recitado el primer verso, ¿sabes? Los filósofos de Atenas opinaron también que hay algo que no se borra. Platón lo llamó "el mundo de las ideas". Por que lo más importante no es ese castillo de arena, lo más importante es la imagen de un castillo de arena que el niño tenía en su mente antes de empezar a construirlo. ¿Por qué crees, si no, que el niño lo aplasta en cuanto acaba de hacerlo?
¿Nunca has querido dibujas o hacer algo que no has conseguido del todo? Lo intentas una y otra vez, pero no te resignas nunca. Es porque la imagen que tienes en tu interior, es siempre más perfecta que las copias que intentas hacer con tus manos. Así ocurre con todo lo que nos rodea. Llevamos dentro la idea de que todo lo que vemos a nuestro alrededor podría ser mejor. ¿Y sabes por qué? Porque todas las imágenes que llevamos dentro son algo que traemos del mundo de las ideas. Allí es donde realmente pertenecemos, ¿sabes?, y no aquí, a ese cajón de arena donde el tiempo intenta acabar con todo lo que amamos y apreciamos.
-¿entonces, existe otro mundo, quieres decir?
- Allí estuvo nuestra alma antes de entrar en nuestro cuerpo. Y allí regresará cuando el cuerpo se rinda ante los efectos devastadores del tiempo. Eso pensaba Platón. A nuestros cuerpos les pasará lo mismo que a los castillos de arena, eso no tiene remedio. Pero tenemos algo dentro que el tiempo no logra corroes, porque, en realidad, no pertenece a este mundo. Hay que levantar la vista por encima de todo lo que flota a nuestro alrededor. Hay que ver aquello de lo que todo lo que nos rodea es una simple imitación.

No hay comentarios:
Publicar un comentario