15.4.10

Me sorprende que no te quemes con mi fuego; estoy tan caliente que se podría freír un huevo en mi frente. ¿Hablo de sexo? Náh. ¿De amor? ¡Já!

Estoy terriblemente encabronada.

Era un sentimiento orgulloso y fiero, ardiente, pero incapaz de consumirme; sólo de encenderme.

Casi debería darte las gracias. Hacía tiempo que Madrid no ardía con esta intensidad devastadora.

No hay comentarios: