Me sorprende que no te quemes con mi fuego; estoy tan caliente que se podría freír un huevo en mi frente. ¿Hablo de sexo? Náh. ¿De amor? ¡Já!
Estoy terriblemente encabronada.
Era un sentimiento orgulloso y fiero, ardiente, pero incapaz de consumirme; sólo de encenderme.
Casi debería darte las gracias. Hacía tiempo que Madrid no ardía con esta intensidad devastadora.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario