15.4.10

Un corazón sabio, o masoquista...?

Mirando una noche infinita de insomnio, escribiendo una canción, en un margen dibujé un corazón, y lo dibuje negró como el carbón, rellenándolo con el grafito del lápiz. Entonces mi corazón negro dio un salto del papel al mundo y me pidió un cigarro. Le dibujé uno, y también un mechero, y agité el papel y ambos cayeron con un ruido sordo. El corazón se encendió el cigarro y dio una profunda calada. Después miró a su alrededor.

-Hm...

Lo miré interrogante.

-No sé dónde estamos ahora.

-Creo que esto es Florencia, pero quién sabe. Me sorprendió la noche a la intemperie-contesté.

-Siempre te sorprende sin refugio, ¿verdad? Una sonrisa amarga provenía del corazón. Yo la correspondí.

-Puede-contesté con tristeza-. No sé si tengo de eso.

El corazón dio una honda calada.

-¿Por qué huyes?

Le miré un instante, sorprendida. Él soltó el humo con parsimonia entre sus labios secos y parduscos y contestó:

-Me llevas de un lado a otro, buscando un qué se yo. Tienes demasiado miedo a romperme, o puede que yo fuera demasiado puro y así quisieras preservarme. Me has llevado de un lado a otro del mundo entero, y me has dejado en manos de infinidad de gente. Alguna vez has llegado a enviarme como archivo adjunto de un e-mail. A veces me he escapado, cierto, pero lo hice por los dos. No sabes lo que quieres; no desde hace mucho. Pero tienes miedo de estos momentos-cogió aire-, de verte sola y teniéndome a mi en las manos, tan apartado del mundo, hasta del oxígeno, que me marchito en tus manos y me convierto en un trozo seco e carne podrida. Y no sabes qué hacer conmigo. No quieres encerrarme pues me quieres. No quieres tenerme pues me temes. Ya sabes cómo es la gente; no existe la perfección, tarde o temprano el mejor amigo no va a estar ahí y el amor eterno que me convertía en una bola llameante se va a apagar. Los planes siempre son perfectos, pero las personas no. Y la ilusión es un arma de doble filo.

-Sólo buscaba reírme una noche sin ninguna preocupación-contesté yo-. Tener a alguien a quin recurrir si las cosas estaban mal. Perdóname, por intentar ocultarte, y por ello matarte poco a poco. Por favor, dime qué puedo hacer.

-¿Recuerdas a las bestias salvajes apodadas Miau que encerraste en aquellas cajas? Libéralos. ¿Recuerdas aquellos resquemores de tiempos peores guardados para ser recordatorios del dolor? Destruyelos. ¿Recuerdas los cortes de ti misma para no hacer el ridículo? Por Dios. ¡Haz lo que desées! Estoy para que me rompan. ¡Eres poetisa! ¡Acéptalo! Tu vida consiste en romperme y reconstruirme, no conoces otra cosa. No busques un lugar donde dejarme. Abre esa puta caja que llamas pecho, déjame meterme dentro, y con el tiempo y los latidos, iré expulsando tu veneno.

El corazón y yo nos miramos a los ojos un instante. Al siguiente, sonreí.

-Está bien-contesté con tristeza-, ¿qué tengo que hacer?

El corazón negro y asmático sonrió también.

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