
Ayer, en uno de mis largos trayectos diarios en metro, descubrí que mi repulsión hacia el zumo de naranja ,no tiene nada que ver con un antojo de mi madre durante el embarazo, como siempre me había hecho creer.
En la ventanilla más cercana a mi asiento alguien escribió:
En la ventanilla más cercana a mi asiento alguien escribió:
"A mi media naranja me la exprimieron"
No me parece ético beberme los desechos de una historia de amor.

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