- ¿Sabes que? He pensado que deberían poner ropa en las fronteras…sí eso es ropa, mucha ropa.
- ¿Y eso, por qué?
- Porque es como un impedimento para seguir adelante, lo oculto. Siempre nos ocultamos. Y a la gente le da miedo lo desconocido. Lo he descubierto ahora, mientras me acariciabas, parabas siempre cuando la tela de la camiseta rozaba tu mano...
- Entonces, según tu teoría ¿las personas son destinos, como los países? - dije siguiéndole el juego.
- Algo así.
- En ese caso quiero conocerte...emigrar a ti.
- ¿Pero tienes los papeles en regla? - me preguntó mientras se dibujaba en su boca una sonrisa.
- No, no tengo papeles...
- En ese caso, no te queda otra que jugártelo todo a una carta...puedes pasar la frontera procurando no ser visto, ni oído. Ser ilegal. Un chico malo... - suspiró Ella, siempre tan sugerente.
-No, prefiero esperar. No quiero estar fuera de ley. Total ¿tenemos tiempo no? Aunque esos dichosos papeles tardan una eternidad, rollos de gobierno y todas esas cosas, politiqueos, enchufes...!bah!- Le susurré al odio- Además los policías de la aduana son tontos.
- ¿Por qué? - me preguntó con ojos ingenuos.
- Porque no te has dado cuenta.
- ¿ De qué?
- De que mientras te soltaba todo ese discurso...- pensé en lo bien que me había salido la jugada, la miré arqueando las cejas y proseguí- ...he metido mi mano debajo de tu camiseta.
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